sábado, 27 de octubre de 2012

AYER NO MÁS (Andrés Trapiello)



          "Llegaba, perdido, de la Historia". No puede esta frase significar lo mismo para la generación de los que nacieron, más o menos, cuando AT, que para los que nacimos alrededor de los ochenta. Así que las cosas que diré yo aquí no son reflejo de lo que quiere decir el libro, sino de lo que significan para mí; aclaración del todo innecesaria pero que siento que he de hacer.
          "Llegaba, perdido, de la Historia". Creo que mi generación ha vivido la mejor época de España, por los padres que tuve, por la educación que recibí. Es verdad que no es un sistema perfecto, la monarquía parlamentaria con su Constitución, pero si miras para atrás en la Historia de nuestro país hemos de sentirnos agradecidos con nuestros años vividos. Hablo en general, lógicamente habrá casos personales que me dirán que no, que ellos no lo han pasado bien. Pero que políticamente ha sido la etapa con más libertades, no hay duda. Ahora bien, España, como España, tal cual, no estaba bien vista (en España). La bandera era tabú, nuestros ilustres antepasados eran tabú, nuestras glorias militares eran tabú y la leyenda negra era la verdad y toda la verdad de nuestro pasado. El Cid, El gran capitán o Blas de Lezo, por poner sólo tres ejemplos eran sonrojantes para todo buen demócrata, amante de la libertad, fraternidad e igualdad.
          Sin embargo, uno tuvo suerte: una familia que regala libros y lee, viajes a museos y algunas pistas sobre la lucidez que te enseñan algunas personas. Y claro, el chiringuito se desmoronaba solo. España no nacía en el 36, el yugo y las flechas eran de antes de lo que me contaban y la República era una cosa que no era exactamente el comunismo que nos vendieron a precio de saldo.
          He de decir que un escritor que abrió bastantes ojos y conciencias fue Arturo Pérez-Reverte. Con sus patentes incendiarias, con mano en vizcaína, iban pasando capítulos que se saltaron en clase de Historia; verbigracia: Hernán Pérez del Pulgar, Antonio Barceló y multitud de personajes que habían hecho Historia, y nosotros se lo negábamos en pos de la Democracia, ¿disculpe? No nos lo contaba en clave de Bambi. La Historia venía con su blanco, su negro, y toda la gama de grises, ya en el libro "Ojos azules" deja bien pintados a los Alvarado y compañía. Pero es nuestra Historia, para bien y para mal.
          Todo esto, esta innecesaria introducción antes de hablar de Ayer no más, siento que he de escribirla, para separar las churras y las merinas que me han estado vendiendo. No hablaré de los partidos políticos. Ni del pepé, ni del pesoe, ni de esos paladines de la libertad, igualdad y fraternidad que eran CIU y PNV. Al menos a mí me contaron ese cuento tertulianos y telediarios.
          Y ahora sí, ahora hablemos de Ayer no más.


          "sentí que en cualquier momento al doblar una esquina me dentendría una patrulla de Falange o un grupo de obreros me pedirían el salvoconducto, pero sentí al mismo tiempo que yo formaba parte de uno de esos piquetes de milicianos. ¿De qué hubiera dependido entrar en una partida o en la otra?", ese sentí del principio es ante el que nos tenemos que poner. Pensé en esto muchas veces, ¿cuántos votos van al PP, o al PSOE, o a IU, hoy mismo porque tu abuelo haya estado en uno u otro bando? Muchas veces dependió del lugar donde se encontraban viviendo. Simplemente.



          "Encontré una vaina de bala de fusil. No son raros esta clase de hallazgos todavía, setenta años después. [...] Estaba oxidada [...] Me tiznaron las manos, se me quedaron rojas. Teñidas como de sangre. La prueba de un crimen que fue cometido antes de que yo naciera todavía me concierne, nos concierne a todos", esto es lo más inexplicable, pero que es la verdad, cuando nos empantanamos a hablar de política pasa lo mismo, la mancha de sangre nos llega, ¿Cómo atajarla? ¿olvido, perdón, reconocimiento? De todo eso creo que es el libro.



          Uno de los personajes dice a otro: "Si te vas a dedicar a Guerra Civil, no te fíes de nada ni de nadie, no creas lo que te cuenten ni lo que leas en los libros, en los periódicos, en los archivos...No he visto nunca nada en lo que la gente mienta más. Y lo peor es que la mayoría de los que mienten no saben que lo hacen". Otro problema es el de la confusión. Se me acaba de venir a la mente una frase que sale en el libro "Los cipreses creen en Dios" de Gironella. Pensaba alguien mirando hacia un puerto de donde se había ido un barco, y no había ni rastro de él, que el agua del mar siempre hacia tabla rasa. Tabla rasa, mirar adelante, que no nos siga condicionando la guerra para hacer las cosas mejor.



          Y también está Baroja por el libro, en boca de Pepe Pestaña: "- No, no soy un nihilista, de verdad. Escéptico, sí, bastante. Me gustan mucho las gentes, pero espero poco de ellas." No recuerdo si con estas mismas palabras reflexionaba alguien en las páginas de Baroja, pero en todas y cada una de ellas está esto. Cuánto le debemos a Baroja escribió alguna vez alguien.



          Termino la entrada del blog con música, una que viene dentro de Ayer no más, pues si le debemos mucho a Baroja, mucho le debemos a "nuestro hermano Amadeo". "Los primeros compases de La flauta mágica nos devolvieron al mundo de la fraternidad universal y en efecto, como por arte de magia, se fue restañando, por dentro y por fuera, la rota armonía".



La única duda que tengo es si es verdad lo que dijo AT en la presentación en La Central de Callao, que él se ha dedicado a escuchar a gentes para hacer el libro y él no era nadie. Muchas veces pinta a Pepe Pestaña como veo yo que es él (AT). O tal vez en determinados momentos se sienta como muchos personajes del libro; quizá que muchos de los personajes del libro forman a AT, no todos. Quizá.

           

viernes, 26 de octubre de 2012

LA ESPLÉNDIDA Y ÁSPERA ESPAÑA (Camille Mauclair)

           

          Versión española por J. Campo Moreno. M. Aguilar editor. Marqués de Urquijo, 39, Madrid. 1931. Dice el libro en la primera hoja del interior. En la siguiente hoja el autor francés dedica el libro, "A mi querida esposa dedico estos recuerdos de sol, de arte, de belleza, para que volvamos a vivirlos juntos".

          Fue una de esas tardes veraniegas de otoño en los madriles a los pies de la diosa Cibeles que sin moverse de su rotonda parece avanzar por la calle de Alcalá lentamente pero segura al ritmo que marcan los leones. Así, con esa idea entra uno en la feria del libro de ocasión. Este año homenajean a Mingote, mostrando algunos carteles suyos de otros años en el de este año; grabada tengo la imagen de ese Quevedo mingoteño, genial, moderno y rancio, con toda la sinvergonzonería luminosa, con todo el dolor del cojo genial, con todo lo que nos llega en sus letras. Así, con estas ideas uno se mete en las casetas de la feria del libro de lance, como se mete en un tren, o mejor todavía: te crees uno de esos personajes que entran en un tren viejo que salen al principio de una película vieja, y que sabes que encontrará emoción sin límite. Algún asesinato, algún pasajero que sabe demasiado o alguna pasajera que sin saber nada sabe más. Así, por el título y poco más, me llevé el libro. De vez en cuando cometo errores de este tipo, sin ideas preconcebidas me llevo debajo del brazo títulos que creo yo me llevarán más tarde a la luz del flexo, lejos. Pero tuve suerte, sería la conjura de esa tarde: nubes que se parecían bastante a las de Goya, la serenidad de la diosa al avanzar y el ¡viajeros al tren! que siente uno al meterse en las casetas del libro antiguo.

          Avisa Camille, en otra hoja previa a la obra, que terminó el libro días antes de que la República reemplazara a la Monarquía. Lo puso tal vez por su esperanza de que cambiasen aquellas cosas que había escrito en el libro y que nos mantenían atados al viejo régimen todavía. Que cambiasen las injusticias sociales me parece, no tanto la esencia antigua de lo español, pues eso se ve rápido en el libro que le apasiona.

          De Zumaia a Granada, pasando por Ávila, Museo del Prado, Toledo, La Mancha, el viajero se sincera en cada paisaje solitario, en cada visión de los lugareños, ante los cuadros de Goya, Velázquez y El Greco.
          El viajero ve a Sancho Panza y adivina, o quiere adivinar, a Don quijote a lo lejos cuando pasa con el tren desde Alcázar a Campo de Criptana, con los muchachos bebiendo agua del mismo vaso. Se enamora de la Alhambra, se acuerda de Boabdil yéndose con el famoso reproche doloroso de su madre. Siente que vuelve en el tiempo con el verde de las plantas y el rumor del agua.

          Uno que ha pasado en El Prado horas suficientes para escuchar a las meninas susurrarle algo a la infanta, o el sonido de las hojas del libraco que sostiene como puede Diego de Acedo "El Primo"; las suficientes para escuchar la guitarra desgarrada y castiza del ciego de Goya en la solitaria tercera planta; las suficientes para encontrar un hueco, una puerta al fondo de un palacio toledano y hablar quedo con los señores toledanos, hidalgos rancios, alguna mente clara, mucha cruz cosida bajo las negras vestiduras. Uno, digo, con este curriculum en historia del arte sin diploma, ni título universitario, lee con gusto la sinceridad de Camille: "La creencia del Greco es única en su clase. Su expresión es de una fuerza capaz de convertir a un ateo. Chilla la verdad, se cierne, alucina. Jamás, probablemente, ha recibido alma alguna de un modo tan intenso el don de espiritualizar las figuras ..."

viernes, 21 de septiembre de 2012

SÍ Y NO (Andrés Trapiello) 02



          Se dirá que es un sacrilegio y una herejía sacar aquí trocitos de artículos del magnífico libro SÍ Y NO, mutilando su contenido total, privándolos de una coherencia que tuvieron como artículos sueltos en su día, como artículos compañeros de otros ahora en el libro. Pero creo que cuando se escribe, se hace por necesidad vital, y hay algunas partes de estos escritos que me llaman, como si salieran unos brazos del libro, me cogieran por las solapas y me instigaran a minimizar la ventana que mantiene en bucle las gnossiennes de Satie, abrir la correspondiente a este blog y escribir. Escribir.

          "Lo que hace de nosotros lo que somos no son los recuerdos medidos con calibre ni pesados en balanza, sino la relación de unos con otros y la atmósfera que entre todos ellos forman". Y no entiendo porqué estas palabras me llevan directamente a acordarme de un palacio del siglo XIX que visité este verano. Fue en agosto, y me gustó, pero hasta hoy, que he leído esto, no habían vuelto a mi cabeza los jardines románticos con caminos que van a ningún sitio, con invernadero y lago artificial, pequeño y cuidado, con estatuas esperando a ser observadas. En el folleto que ofrecen al visitante hay un inventario que parece medir con calibre y pesados en una balanza sus obras más interesantes, su exclusiva colección de arte: cuadros de Goya, Tiziano y El Greco; tapices de Bruselas, y además en las fechas que fuimos nosotros pudimos ver los bodegones de Luis Meléndez, los mismos que he visto bastantes veces, solo, en el piso de arriba del Prado, junto a los cartones para tapices de Goya que también suelen aburrirse en su soledad (a lo mejor así pueden descansar todos los ayudantes de cacería de Carlos III, el pelele lo mantearán muy a su sabor las mujeres que sostienen la manta y la pelea en la venta puede seguir su curso). Y sin embargo si tuviera que elegir tres cosas del palacio Selgas-Fajalde, tres recuerdos, no sería nada de lo que anuncian ahí, en el folleto, sino la huella que la Guerra Civil dejó en un espejo, una estrella oscura del tamaño de una moneda grande, de puntas múltiples, irregulares en su longitud, única marca que dejó la contienda según la audioguía, aquella bala perdida. También me quedaría con alguna de las sillas con lámpara incorporada y brazo delantero para apoyar algún libro de los que pueblan la biblioteca, grande para mí, pequeña seguramente para quien acumula libros a lo tonto, justa, suficiente para perder allí todo el tiempo del mundo, cuando los atardeceres permitiesen mirar por la ventana y adivinar conversaciones en voz baja entre las estatuas del jardín. Me quedaría con la sensación que tuve en algunas salas de que alguien se acababa de ir, de que hace un momento la criada terminaba de peinar a uno de aquellos niños bien vestidos, que recién salió hacia  la escuela que está a la entrada del recinto, un coqueto edificio, donde, en vitrinas, se muestran pequeños cuadernitos de ortografía, mapas y otros manuales de otras épocas, escuetos y suficientes. Es decir, la atmósfera que se quedó ahí, entretejida por viejas vivencias.

          El final del artículo es mi parte favorita del libro, por ahora, muy difícil de superar, ya sin relación con el palacio, que dejé olvidado, "Un día alguien besó a una joven, a quien jamás volvió a ver. El recuerdo de ese beso dura menos que el beso, y sin embargo ese joven, ya viejo, comprende que el resto de su vida ha gravitado bajo la impresión profunda que aquel acto de amor, y su pérdida, dejó en su corazón". Cuenta Sabina, Joaquín, que él nunca escribió canciones para sus grandes amores, las chicas que estuvieron con él de forma más o menos continuada, sino que un día vio a una chica por la ventanilla de un tren, y que necesitaba escribirle una canción. Somos así, nos movemos más de verdad en el terremo mitológico y legendario que en el racional y lógico, preferimos conocer a un soldado al servicio de Napoleón en la leyenda toledana El Beso de Bécquer que leer una manual de Historia donde  diga las partes de su uniforme, y todos los etcéteras que le sobran a nuestras pasiones. Ya lo decía Sandoval (un personaje inolvidable de la película argentina El secreto de sus ojos): "Un hombre puede renunciar a todo, menos a una cosa: su pasión", aunque a veces, no pueda escribir ese recuerdo en sus memorias o tenga que escribirlo en un cuento o una novela, como si no fuese él al que le pasa, sino a un ingenioso hidalgo o un dragón francés.

(Sobre el artículo "Calibre y balanza de la memoria").

sábado, 15 de septiembre de 2012

SÍ Y NO (Andrés Trapiello) 01

         
          Es una colección de artículos que salieron publicados en revistas y periódicos del domingo. No sabía uno si escribir sobre ellos, pero me he encontrado algunas palabras sobre la foto Autorretrato de Alberto García Alix que tenía que rescatar para esta pequeña isla o blog, "la foto está mal encuadrada por arriba y por abajo, por todas partes. No parece cosa intencionada, y esa humildad de ceder al azar la hace, como obra de arte, más honda", así AT me sigue sorprendiendo desde una aparente sencillez, que a lo mejor sí, es sencillez, pero que cuenta cosas con la precisión del que lee mucho, anda mucho, y no puede dejar de buscar y de escapar entre, por ejemplo, fotos, "La intensidad de esa mirada, el dolor que adivinamos en ella, la radical soledad, las pocas ganas de devaneo estético, son aquí algo serio y definitivo". Después de leer esto uno busca rápidamente esa foto por internet, y salen varias, pero por las palabras aquí reproducidas y por otras que se quedaron en el libro sabe cuál es, y la miras y vuelves a las líneas que acabas de leer, y allí están, las dos cosas correspondiéndose, el texto con la foto y viceversa. Uno quiere buscar otras palabras, propias, mejores que esas de AT y sonríe, como diciéndose para su coleto "no tienes tú que beber colacao todavía para esto, chaval", que es lo que te decían los mayores de octavo (yo hice el maravilloso EGB) cuando uno todavía iba a tercero, y quería echar unas canastas con ellos y no llegaba al aro ni al tablero, y le miraban sonriéndose, pues con lo pequeños todavía no eran crueles, en sexto y séptimo nadie se atrevía a entrar ni al campo, claro, pues ahí ya podría haber palabras mayores, y no te digo nada si había chicas mirando... Tal vez si AT fuera uno de esos de octavo, diría "no te quedan a ti, chaval, relecturas del Quijote, o del Lazarillo, o de Baroja o de...", y ya metidos en faena de ficción, AT me lo diría dentro de una de esas ilustraciones de Doré, en un sillón rodeado de pequeños seres reales y fantásticos, de libros abiertos y cerrados, ocupando por algunos momentos el lugar de Alonso Quijano soñándose el hidalgo o al revés, sonriendo con la sonrisa de la portada de este libro que tengo yo aquí y ahora, SÍ Y NO, bien peinado, como al descuido pero cuidado, mirando a sus perros, o a unos perros que no son suyos pero que parece conocerlos, sentado tranquilamente, sereno, la mano izquierda suspendida en el aire pues el brazo apoya en el brazo de la silla de madera y tela blanca, que a veces me he encontrado yo en algún lugar donde venden muebles y si no me he sentado poco le ha faltado, y la mano derecha nos la tapan sus piernas cruzadas, ¿Qué libro, revista del Rastro, objeto encontrado en sus diarios sujeta ahí? Acaso no soporte nada, y lo más importante de esa foto sea ese espacio en blanco, en negro, ese misterio, como el cuadro dentro del cuadro Las meninas, del que tampoco sabemos más que fabulaciones, y sea todo tan claro que hacen falta muchos paseos, y miradas, y lecturas para darse cuenta de que al final lo importante en cualquier cosa que nos llame la atención, libro, verso, lienzo, sea algo que nadie sabe lo que es, como lo que hay en esa mano derecha, pero que es lo único que importa.
                                                                               (Sobre el artículo "Un rostro")

lunes, 20 de agosto de 2012

EL VERANO / BODAS (Albert Camus)


          "¿Dónde están las virtudes conquistadoras del espíritu?" se pregunta Albert Camus en este libro con varias partes: El verano, En el mar, Bodas y El Minotauro o Alto de orán. Todas ellas giran en torno a esa pregunta, y parece que él escribía para ser capaz de darle forma a sus intuiciones con vocación de certeza, que hoy, pasado el tiempo preciso para que maduren esas palabras, por fin parecen verdaderas. No creo que AC quisiera dogmatizar sobre nada, sólo desde su circunstancia (siendo muy distinto el camino de los dos, el punto de partida es el mismo en la filosofía de Ortega) intenta hacer una filosofía desprendida y a la vez totalmente volcada en creer en el ser humano.

          "El propio Nietsche las ha enumerado (las virtudes conquistadoras del espíritu): firmeza de carácter, el gusto, el mundo, la clásica felicidad, la dura altivez, la fría frugalidad del sabio", viendo las fotos de AC parece que tuviera un poco de todo esto, y aunque una foto pueda engañarnos, cuando uno ha leído El primer hombre sabe que había alguien especial, comprometido con el bien, que yo no sé lo que es para los demás pero que siento cerca continuamente en los libros del escritor argelino, y no me refiero al sentido maniqueo de la aceptación de un bien y el rechazo de un mal, de la separación prejuiciosa de buenos y malos, es más una actitud ante la vida que tiende al bien sin taparse los ojos, sin rechazar a nadie.

          "Los mitos no tienen vida por sí mismos. Aguardan a que nosotros los encarnemos. Basta que un solo hombre en el mundo responda a su llamada para que nos ofrezca su savia intacta", es difícil decir más con menos sobre la Mitología, y no sólo me refiero a la griega, el hombre vive de leyendas y de mitos, de hecho los tiempos que vivimos son más mediocres porque la mayoría de personas han renunciado a la Mitología y a lo legendario para adorar a becerros de oro a través de una fe en la razón como única luz, por cierto becerros de oro más reales pero más ominosos. Uno lee estas pocas palabras de AC y le gustaría salir corriendo a una librería o a una biblioteca a hacerse con La Odisea o La Ilíada.

          Habla también de sus principios como escritor y los demás (los lectores o la sociedad que le conoce aunque no lo hayan leído): "La idea de que todo escritor escribe por fuerza sobre sí mismo y se pinta en sus libros, es una de esas ideas pueriles que nos legó el Romanticismo", puede ser que esa idea sea en verdad infantiloide y de lectores y escritores que gustan de lo plano, el blanco o negro, y en realidad un escritor debería ser complejo como su propia naturaleza, y moverse entre los escombros de la memoria y el deseo (gracias al escritor Alejandro Tello Peñalva por ese título tan acertado). Sin embargo... "¿Es que acaso hice otra cosa que razonar sobre una idea que encontré en las calles de mi época?", volvemos a su circunstancia, en este libro todo parte de Argelia, Orán, el mar, el Mediterráneo y el choque de todo eso con la grisura de la nueva Europa y el nuevo mundo.

          Continuamente se mueve entre dos ideas para intentar explicar su filosofía: el ser humano, su lucha, su sentido, su relación con los demás... y el Mediterráneo, para disgregarse en sus colores, en su brisa, en hacerse parte de él, desapareciendo y confundiéndose en el paisaje, "Por un breve instante el mar se presenta rosado a un lado, azul al otro. Luego las olas se oscurecen", y aquí ve uno también las palabras sencillas, pero evocadoras, imágenes potentes emergiendo de las palabras como sale un submarino del mar, sacadas del texto total serían como pequeños versos donde cabrían todas nuestras esperanzas, o donde se ahogarían, porque con un mar rosado allá , un mar azul en el otro confín y aquí en la orillla unas olas oscuras que traen un sonido que es masaje para el alma tendríamos todo lo que nos hace falta, no pediríamos nada más. Hay tardes que tenemos la suerte de situarnos en un lugar desde donde podemos observar en el cielo lo que él cuenta del mar; allá en el horizonte donde se va el sol, hay nubes que se deshacen en tonos rosados, y por el lado de oriente predomina el azul oscuro, giras lentamente tu cuello para ver la transición de colores y parece que en ese momento se entiende todo de repente, que es casi como decir, para quitarle la trascendencia que no buscamos, que no se entiende nada (ni falta que hace) y que con esos colores en el cielo nos bastaría, chanclas en los pies, bañador todavía mojado, camisa blanca de lino, y nada más. Lo mismo que cerca del mar cuando las olas se oscurecen y pasaste desde un sol de justicia antes de la siesta a un sol moribundo y hermoso rodando por el otro lado de las montañas al despertar en la arena fresca y cenicienta.

          Con AC el problema es que se pueden subrayar muchas frases en sus libros, será mejor acabar esta entrada del blog con cierta declaración de intenciones, una música de Tino Rossi mezclándose con el sonido de las olas del mar y una foto en blanco y negro del elegante escritor en francés, como escenario para estas sencillas enseñanzas: "No buscamos lecciones, ni la amarga filosofía que se le pide a la grandeza. Fuera del sol, los besos y los perfumes silvestres, todo nos parece fútil".

martes, 14 de agosto de 2012

ÁNGELES O NEÓFITOS (Manuel Vicent)

          "Ahora el Mediterráneo es ya un mar muerto". Y todo lo que tiene algo de Romántico, pero para eso está la música, el teatro, la buena literatura, las buenas historias. Todo lo que tiene algo de Romántico está muerto, y nos hace falta amueblar este mundo recién pintado (gracias Sabina) con algo más. ¿Qué más? Eso lo tiene que descubrir cada uno, con ahínco, intuición y vocación precisamente de ese Romanticismo que no existe, pero del que encontremos tal vez alguna huella, más o menos evidente, que muchas veces no es ni bruma, y merezca la pena esa búsqueda constante.

          "Pieles de plástico flotan en el caldo funerario, excrementos endurecidos por el salitre, preservativos hinchados que son globos de un fin de fiesta, bacterias malvadas que establecen un tiovivo invisible, hongos que hacen nido en las vaginas maternales, espumosos orines que fueron refrescos multinacionales, envases con residuo de pollo, peces con la tripa inflada de petróleo importado". Esto es, verbigracia, el Mediterráneo, nos guste o no, y considero a Vicent como un soñador, pero también uno de nuestros escritores más sinceros y lúcidos. Sólo tienes que ver con los ojos abiertos cualquier playa del litoral mediterráneo español y verás eso y mucho más. Y lo que hace Vicent es, con su forma de escribir más que con la historia que te cuenta, salvar en palabras aquel Mediterráneo que se agotó en el siglo XX y se alimentaba de tragedias griegas, dioses enfurecidos con gentes candorosas, crímenes de sangre a la hora del sol de justicia, barcos cargados de... ¿de qué? de Romanticismo, que es la visión que tenemos de lo que pasó antes de las dos grandes guerras europeas y de la guerra de aquí.

          La historia del libro es una excusa, una ensoñación, un viaje sin salir de un valle cercano a la costa donde ángeles vuelan para escapar de sí mismos y volverse a encontrar por la espalda nuevos, donde neófitos de un nuevo profeta huertano quieren purificarse con ayuno y limpieza del agua sucia del alma. Es un campo de juegos donde Manuel Vicent escribe con una libertad que envidio, que es fácil de envidiar, porque desde un lenguaje estructurado utilizado por el gran costructor de historias que es él, despoja a cada palabra, cada adjetivo emparejado de su sustantivo, cada verbo bienhallado, del lastre, prejuicio, tópico, y nos lo devuelve azul y puro como se ve el Mediterráneo desde lejos, para inocularnos una filosofía huertana, agreste, desnuda, sencilla, despojada de piedras en la mochila que es la conciencia para resucitar otro Mediterráneo distinto del de hoy cada vez que abramos este libro.

          "La tarde tenía esa sensación que se alcanza cuando el paisaje en la última curva del sol toma un reposo fatigado por el calor excesivo de la jornada...", esa sensación, cuando el sol ha dejado de quemar, y viene una brisa que trae el momento donde se comprende todo de una vez y que luego olvidas, se pasa, sabes que justo cuando el sol se escondía detrás de las casas bajas del pueblo costero y el mar se serenaba tuviste un momento de lucidez comprensiva, cuando no merecía la pena juzgar a nadie ni a nada, ni siquiera la porquería que traía el periódico por la mañana empañaba esos minutos delante del Mediterráneo.

miércoles, 8 de agosto de 2012

VIDA DE ESTE CAPITÁN (Alonso de Contreras)

           
          Como tantos otros, este libro, esta lectura, se debe a una encendida patente de Arturo Pérez-Reverte, prologuista de la edición que he disfrutado yo, a cargo de su amigo Javier Marías; "Buena parte de su vida transcurrió en el Mediterráneo, y casi toda sobre las armas", parece que está todo dicho en estas palabras, Mediterráneo y armas, aunque sigue y le seguimos sin parpadear; "documento extraordinario sobre aquel espacio ambiguo e impreciso que fue el Mare Nostrum: frontera móvil de aventura, horror y prosperidad, patio trasero de Oriente y Occidente donde se conocía todo el mundo, recinto interior de potencias ribereñas que allí ajustaron sus cuentas, mezclaron carne, acero, sangres y lenguas, renegando, negociando y al mismo tiempo combatiendo entre sí con la tenacidad memoriosa, mestiza, cruel, de las viejas razas",  más palabras importantes, porque importan de AP-R sobre unas memorias, unas vivencias, que son como tiros de arcabuz; "Escandalizarse, aplicando a todo esto valores morales del siglo XXI, está de más. O resulta ridículo", algo muy propio de nuestra época.

          Este libro cuenta con dos prólogos, el de AP-R y otro de Ortega y Gasset, recuperado aquí de otra edición correspondiente al año 1943,que dice de Vida de este capitán: "documento clásico donde absorben su información cuantos quieren describir el tipo de soldado que abrumó la vida de Europa durante la primera mitad del siglo XVII".

          Siendo los dos prólogos importantes, el de Pérez-Reverte es más acertado desde mi visión de lector. No es que el de Ortega sea malo (el que emborrona este blog siempre le estará agradecido a Ortega por los artículos de El Espectador), ni mucho menos, pero es demasiado extenso, ya que más que un prólogo parece un resumen del libro, y a mí los prólogos que ,de por sí, me cuestan, se me ha hecho muy pesado el del filósofo español, aunque entiendo que cuando salió la edición del 43 fuese necesario una explicación ya que no era conocido el soldado Contreras, pero creo que los prologuistas deberían saber que ellos son meros prendedores de la obra en el lector, no los protagonistas, la obra la escribió otra persona.

          Y ahora sí empieza lo bueno, hoy que pensábamos que Juego de Tronos, El Señor de los anillos, Matrix y otras hierbas eran el novamás viene Javier Marías y recupera una parte de nuestra Historia que nunca jamás nos han enseñado en el colegio ni en el instituto, huérfanos de aventuras reales, en frases sencillas hilvanadas a través de una vida sin mirar adelante ni atrás; "Víneme a Madrid, vi a mi madre y pedíla su bendición, y con ella me partí para Barcelona y allí me embarqué en un bajel cargado de paños y llegué a Palermo en diez días", es curioso lo parecida que es esta breve narración de hechos con lo que escribe un niño cuando inventa un cuento o una historieta, y no se crea es por desprestigiar a Alonso, todo lo contrario, que muchas veces los adornos y el barroco de cartón piedra es lo bostezante y sobrante y lastre de la llamada literatura, por parte de muchos entendidos en materia y poco en emoción lectora.

          Me gustan las películas del Oeste, pero es que este libro llega hasta ahí; "No tuvo tanta dicha en cogerme, aunque me hizo retratar y poner en diferentes partes de Levante y Berbería, para que si me cogiesen le avisasen estos retratos". Y es que todo lo que hemos visto en la ficción y en la ciencia-ficción se ve desbordado por los recuerdos intensos y como si nada de Alonso.

          También he crecido en un país donde hunos y otros nos han privado de conocer Nuestra Historia de verdad, por eso este libro hemos de valorarlo, mucho, porque de manera sencilla te explica alguien que estuvo allí cómo fue la película, "llegó al puerto un galeón catalán que venía de Alejandría cargado de ricas mercadurías para España", cuántas bocas callas, cuántas columnas de opinión borras con estas palabras, catalán y español, mejor no se puede decir y sin ánimo de nada, escribe como habla, naturalmente, un galeón catalán para España, ay Alonso si hubieras conocido la televisión y hubieras tenido que ver cuántos personajes de corbata y tafilete se comen los mocos hablando de las patrias, gente menuda al lado de tus gigantes y abrasadoras palabras, que echan luz sobre qué significaba España y Cataluña, para el que las rondaba continuamente, y que por moverse por todo el Mediterráneo les daba su valor a cada una.

Y no crean vuesasmercedes que aquí sólo hay historietas de espadachines, que ni son historietas estas verdades como puños, ni espadachín es Alonso que es soldado valiente y también enamoradizo y defensor de su honra, que sabiendo que le engañaba una mujer con un amigo suyo que pronto dejó de serlo; pasen y vean "yo, que no dormía, procuré andar al descuido con cuidado, hasta que su fortuna los trajo a que los cogí juntos una mañana y se murieron", otra vez una capacidad asombrosa de síntesis e ingenio, que no sé hasta que punto sabía el autor de esas cualidades, o es que su picardía y viveza por saber madrugar pronto se traslucían luego en lo demás. La capacidad de asombro no hace falta pensarse para quien ha vivido, la cuestión es que cuántas películas nos hemos perdido, pero hacer cine histórico en España parece prohibido. Me quedo con ese andar al descuido con cuidado, y también esotro de se murieron, simple forma de ver las cosas, y es que no podía pasar otra cosa es lo que nos quiere decir.

          También fue ermitaño, "compré los instrumentos para un ermitaño: cilicio y disciplinas y sayal que hacer un saco, un reloj de sol, muchos libros de penitencia, simientes y una calavera y un azadoncito", me llama la atención todo, porque es curioso ser testigo hoy en el atolondrado año 2012, ver cómo un soldado que se partía el pecho a cada paso, se fuera al monte a rezar, pero sobre todo lo del azadoncito, la forma en que lo dice, en que lo escribe, en diminutivo, con el -ito, hoy que tanto se utiliza el -ito para todo, en el libro lo utiliza poco pero muy al punto. 

          Cuando uno se queja hoy de problemas cotidianos, leer esto te hace relativizar mucho las cosas, y es que ni en el monte estuvo tranquilo: "Más de que llegaron con tanta prevención, como si fuera un castillo lo que habían de ganar, y llegándose a mí, que estaba con un rosario en la mano y un cayado en la otra, me agarraron y prendieron y al punto me ataron las manos atrás y pusieron un par de grillos en los pies, con el mayor contento, como si hubieran ganado una ciudad muy fuerte". Todo esto fue por una confusión en la que cayeron acerca de él, pues pensaban que era agitador y rey de los moriscos, y habiendo leyendo el libro de cabo a rabo, sé que no son fruto de la altivez ni de la soberbia estas palabras, tal vez orgullo, pero con media sonrisa y que va de verdad, pues sabían de lo que era capaz el valiente.
       
          Y cómo no, hasta con la Inquisición topó nuestro amigo Alonso, "me llevaron a la calle de las Fuentes y metieron en una sala muy entapizada, donde había una mesa con dos velas y un Cristo y tintero y salvadera con papel; allí cerca un potro, que no me holgué de verlo, y estaba el verdugo y el Alcalde y escribano", tal cual nos lo imaginábamos, nos lo pinta, que da miedo, pero esta vez de verdad, porque le pasó a él, así que pensándolo bien creo que es mejor que no hagan ninguna película sobre este libro, la iban a cagar, nadie puede representarnos mejor que Alonso en tan pocas palabras el escenario inquisitorial, imagínense vuesasmercedes a Blanca Portillo sacada de Alatriste, siendo uno de los personajes en esta escena, pues que más que terror risa nos causaría.

          Muchas más cosas subrayé de mi jugosa lectura sobre Alonso de Contreras, nacido en la muy noble villa de Madrid a 6 de enero de 1582, pero quien quiera más, que corra a la librería, porque afortunadamente no hay película de esto, aunque miento, que creo que sí la hay, pero si no nos la recetó que yo recuerde Pérez-Reverte, no sé cómo saldrá parado Alonso. 
          Hábito de San Juan, envenenamientos, viaje a las Indias, huésped de Lope de Vega, audiencias con el rey, con el Papa, y lo mejor lo he dejado donde mejor está: en sus páginas, pues aventuras, abordajes, lances de espada las encontrarán a punta de pala vuesasmercedes en este libro, documento asombroso para toda mi generación, a la cual nos contaron una Historia de España muy distinta de cómo la vio el soldado Alonso de Contreras. Gracias Capitán.