Es una colección de artículos que salieron publicados en revistas y periódicos del domingo. No sabía uno si escribir sobre ellos, pero me he encontrado algunas palabras sobre la foto Autorretrato de Alberto García Alix que tenía que rescatar para esta pequeña isla o blog, "la foto está mal encuadrada por arriba y por abajo, por todas partes. No parece cosa intencionada, y esa humildad de ceder al azar la hace, como obra de arte, más honda", así AT me sigue sorprendiendo desde una aparente sencillez, que a lo mejor sí, es sencillez, pero que cuenta cosas con la precisión del que lee mucho, anda mucho, y no puede dejar de buscar y de escapar entre, por ejemplo, fotos, "La intensidad de esa mirada, el dolor que adivinamos en ella, la radical soledad, las pocas ganas de devaneo estético, son aquí algo serio y definitivo". Después de leer esto uno busca rápidamente esa foto por internet, y salen varias, pero por las palabras aquí reproducidas y por otras que se quedaron en el libro sabe cuál es, y la miras y vuelves a las líneas que acabas de leer, y allí están, las dos cosas correspondiéndose, el texto con la foto y viceversa. Uno quiere buscar otras palabras, propias, mejores que esas de AT y sonríe, como diciéndose para su coleto "no tienes tú que beber colacao todavía para esto, chaval", que es lo que te decían los mayores de octavo (yo hice el maravilloso EGB) cuando uno todavía iba a tercero, y quería echar unas canastas con ellos y no llegaba al aro ni al tablero, y le miraban sonriéndose, pues con lo pequeños todavía no eran crueles, en sexto y séptimo nadie se atrevía a entrar ni al campo, claro, pues ahí ya podría haber palabras mayores, y no te digo nada si había chicas mirando... Tal vez si AT fuera uno de esos de octavo, diría "no te quedan a ti, chaval, relecturas del Quijote, o del Lazarillo, o de Baroja o de...", y ya metidos en faena de ficción, AT me lo diría dentro de una de esas ilustraciones de Doré, en un sillón rodeado de pequeños seres reales y fantásticos, de libros abiertos y cerrados, ocupando por algunos momentos el lugar de Alonso Quijano soñándose el hidalgo o al revés, sonriendo con la sonrisa de la portada de este libro que tengo yo aquí y ahora, SÍ Y NO, bien peinado, como al descuido pero cuidado, mirando a sus perros, o a unos perros que no son suyos pero que parece conocerlos, sentado tranquilamente, sereno, la mano izquierda suspendida en el aire pues el brazo apoya en el brazo de la silla de madera y tela blanca, que a veces me he encontrado yo en algún lugar donde venden muebles y si no me he sentado poco le ha faltado, y la mano derecha nos la tapan sus piernas cruzadas, ¿Qué libro, revista del Rastro, objeto encontrado en sus diarios sujeta ahí? Acaso no soporte nada, y lo más importante de esa foto sea ese espacio en blanco, en negro, ese misterio, como el cuadro dentro del cuadro Las meninas, del que tampoco sabemos más que fabulaciones, y sea todo tan claro que hacen falta muchos paseos, y miradas, y lecturas para darse cuenta de que al final lo importante en cualquier cosa que nos llame la atención, libro, verso, lienzo, sea algo que nadie sabe lo que es, como lo que hay en esa mano derecha, pero que es lo único que importa.
(Sobre el artículo "Un rostro")
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