Lo único que me ha resultado un poco pesado son las cartas entre el señó Juan (Horacio) y Paquita de Rímini (Tristanita), que es cómo se llamaban cariñosa e idealmente los amantes en las cartas; aunque entiendo que BPG retorciese mucho la cursilería epistolaria para que el abrumador desencanto posterior fuese aplastante para el lector.
Sólo un director como Buñuel pudo haber dejado una película que guardase para todo el futuro por venir la esencia del libro, como si zarandease la novela boca abajo, cribando lo inservible y fijando de forma tan clara en Fernando Rey a Don Lope y en Catherine Deneuve a Tristana, quizá fría o insulsa la actriz en determinados momentos donde Tristana se enciende, pero que en su conjunto es el personaje femenino creado por BPG.
Por lo demás es incómodo pensar que el alma del caballero español tenga su modelo en Don Lope Garrido y que, al final del libro se vean virtudes de constancia (en mantener todas las comodidades para su hijita) o valentía (cuando aguanta en la habitación todo el tiempo durante la intervención médica), e incluso Galdós transmitiese más allá de las palabras cómo ha de ser un caballero como Dios manda, aunque parezca un muñeco de cera sacado de un baúl antiguo, lleno de telarañas, armaduras y espadas de la época de la Reconquista (que por cierto es con toda esa parafernalia con la que se disfraza Don Quijote).
Tal vez y finalmente sintiesen algo parecido a la felicidad Don Lope y Tristana, tal vez BPG destapara los sueños del caballero español, como el que abre un arcón de esos que amueblaban los caserones antiguos castellanos, y de ahí surgieran estas páginas. Tal vez.
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