domingo, 4 de marzo de 2012

RIÑA DE GATOS Madrid 1936 (Eduardo Mendoza)

     "[...] y así, mientras sus compañeros corrían en busca de aventuras amorosas o se convertían a las virulentas ideologías de aquellos años, él permanecía ensimismado en un mundo habitado por santos y reyes, infantas y bufones salidos de las paletas de Velázquez, Zurbarán, El Greco y tantos otros pintores que unían una incomparable maestría técnica a una visión del mundo dramática y sublime".
      Fabulemos: el escritor se dio cuenta de las madrugadas idénticas entre bares, amigos más o menos y otras formas de perder el tiempo. Y aunque nadie quiere ser inglés, salvo los ingleses, le gusta disfrazarse de uno (Anthony Whitelands) tan puro, como las tierras de su apellido, en sus inmáculados años universitarios y cuya única pasión sea la aparentemente inofensiva de sentir el vértigo de aquellos genios españoles. Inglés y soñar con el barroco español es la ficción del escritor. Me parece que muchos pensamos eso perdiéndonos en los pasillos del Prado.


     "[...] al pasar por delante de Menipo se detuvo en seco, conminado por la mirada de aquel personaje, mitad filósofo, mitad granuja. Siempre le había parecido extraña la elección del asunto por parte de Velázquez. En 1640 Velázquez pintó dos retratos, Menipo y Esopo, destinados a competir en el favor del rey con dos retratos muy parecidos de Pedro Pablo Rubens, a la sazón en Madrid. Rubens pintó a Demócrito y Heráclito, dos filósofos griegos de fama universal. Por el contrario, Velázquez eligió dos personajes de escasa relevancia, uno de ellos casi desconocido".
     He leído en varios sitios la relación, misteriosa, estrecha, que parece mantuvieron Rubens y Velázquez. Esto no lo sabía, pero cada cosa que vas sabiendo lo hace cada vez más atrayente, como esto del "duelo" de retratos relacionados con filósofos griegos.


     "Esopo era un fabulista y Menipo un filósofo cínico del que nada seguro ha llegado hasta nosotros, salvo lo que cuentan Luciano de Samosata y Diógenes Laercio. Según estos, Menipo nació esclavo y se afilió a la secta de los cínicos, ganó mucho dinero por métodos de dudosa rectitud y en Tebas perdió cuanto tenía. La leyenda refiere que ascendió al Olimpo y descendió al Hades y en los dos lugares encontró lo mismo: corrupción, engaño y vileza".
     Será verdad entonces lo que leí en Baroja de que sólo ascienden en la escala social los aduladores y avispados aunque valgan menos que una alpargata, y lo que decía Trapiello, que por un campesino bueno cien envidiosos.


     "Velázquez lo pinta como un hombre enjuto, entrado en años, pero todavía lleno de energía, vestido de harapos, sin hogar ni posesiones materiales y sin más recursos que su inteligencia y suserenidad frente a las adversidades".
     Es más aconsejable ir a mirar y mirar este cuadro que ir al psicólogo. 


     "Esopo, su pareja pictórica, sostiene un grueso libro en la mano derecha, en el que sin duda están escritas sus célebre aunque humildes fábulas".
     Es curioso: a mí siempre me pareció más imaginativo, soñador Menipo, y sin embargo es el otro, el de de rostro duro, como una muralla inexpugnable, y mirada potente e inquisitiva el que gustaba de escribir. Claro, que eran fábulas. Moralizantes.

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