martes, 21 de febrero de 2012

LOCURAS SIN FUNDAMENTO Salón de pasos perdidos II (Andrés Trapiello) 01

     "A menudo una ambición tonta nos hace desear haber escrito tal o cual libro de otro. Decimos: lo daría todo por haber escrito yo El Quijote, sin advertir que en esa ambición seguramente excluimos el inmenso dolor que le condujo a Cervantes hasta ese libro: su posible condición judaica, las mujeres de su familia, barraganas de señoritos, su poca fortuna, la pérdida de su mano, los años de Argel, las acusaciones de homosexualidad, los escarnios de sus compañeros de letras, la cárcel por malversación, la desgracia de sus amores, la pobreza, la soledad de su vejez, la enfermedad... ¿Cuántos de los que dicen ambicionar sus libros estarían dispuestos a recorrer ese calvario de vida? Cervantes, una vez más, se quedaría solo".
     Unas pocas pinceladas sobre Cervantes, un boceto mal acabado, no adrede sino por pereza, a veces, nos deja muy cerca de entender algo, de ver al soldado de Urbina, tiempos de oro y mugre. Una jarra sucia de vino malo, un escueto tintero y en las venas el dolor necesario para poder parir el mejor libro.
La soledad oscura de la dura España, el desengaño calado hasta los huesos... y aun así... qué ganas de vivir.

lunes, 20 de febrero de 2012

EL HIJO DEL LEGIONARIO (Aitor Saraiba)

     A veces, cuando pasas delante de las coloridas estanterías de la sección de cómics, en cualquier librería, o tienda de segunda mano de este tipo de publicaciones, piensas en comprar uno, o en coger uno de la biblioteca. Pero luego te recuerda tu propia memoria los libros que están en la sala de espera de los deseados, hijos de Galdós, Valle-Inclán, Cervantes, Eslava Galán, Pérez-Reverte, Gracián, Muñoz Molina, Vicent...Y te vas de la tienda con las manos vacías.
     El otro día cayó en mis manos EL HIJO DEL LEGIONARIO. Parecía una novela gráfica más de las tantas que se amontonan en la mesa de novedades. Y sin embargo... sin embargo es un libro original, dulce y amargo, triste y optimista, sincero. Sobre todo sincero, y hecho con mucho cariño. El título es acertado, porque todas las palabras que tiene el libro, aunque no estén hablando continuamente del padre legionario, sí están teñidas de una melancolía de la distancia del hijo con su padre. El dolor pinta todo el relato de su vida. Aprender que todos los días nacen con un aprendizaje nuevo.

miércoles, 15 de febrero de 2012

EL MONJE (Matthew Gregory Lewis) 01

     En Las Ninfas decía Umbral que es bueno que te guste todo lo que lees, que es correcto no desechar nada, porque el que lee mucho y de todo, y todo lo acepta; después, estará en la posición desde la que sí podrá decir "esto sí, esto no".
Vale... de acuerdo. Pero esto es muy tajante, y puede ser una barrera en tus nuevas lecturas o tus relecturas de viejos conocidos.
Si me gustó mucho un libro con 18 años, y quiero leerlo ahora: ¿me gustará?
Si me ha recomendado un libro mi vecino de un autor que vende millones de libros, pero la imagen que tengo de él no me atrae (sin haber tocado una de sus páginas): ¿lo leo?

     Quiero decir, la eterna pregunta para los que leer es un vicio sagrado: ¿QUÉ LEER?
Y otra pregunta que me hago a mí mismo desde fuera como único seguidor de este blog: ¿por qué estas divagaciones en esta entrada concretamente de El Monje, de Lewis?
Precisamente. Porque a nadie había escuchado recomendar esta novela de 1794.

     Es oscura, inquietante... divertida. Es como esos cuentos que leímos de pequeños y abrían tu imaginación en el universo de la oscuridad de tu habitación. Son murallas de castillos habitados, fantasmas sobre pasarelas de fosos, romanticismo en la yedra que cubre las almenas de esas fortalezas donde viven aquellos espíritus. Y sobre todo es vivir la Historia desde la leyenda. ¿Verdad o mentira? Me da igual. Nadie podrá quitarme las dos horas de lectura donde sólo pude hacer eso, leer y no poder dejar de leer. La novela es creíble porque los protagonistas tenían fe en algo, y eso es la tensión que desde el papel te pasa a tus dedos y lo demás es literatura.

domingo, 5 de febrero de 2012

EL GATO ENCERRADO Salón de pasos perdidos I (Andrés Trapiello)

     "...me hubiera gustado conocer aquellos tiempos (no tan lejanos) en los que salía uno de viaje y cada cincuenta kilómetros cambiaban los vestidos de las gentes, las comidas de las posadas y el color de los ojos".
     Uno siente eso muchas veces. De hecho lo busca en cada viaje, siendo difícil hallarlo.
Encontrar un hombre sentado en un banco de piedra, en algún pueblo perdido, donde no existan nuevas tecnologías, y la única vanguardia sea el recuerdo, en su piel y sus ojos, al aguador de Sevilla que pintara Velázquez.
Busca recuerdos. Sí, no ser (o convertirse en) un recuerdo, pero beber del amarillo que hay detrás de las postales antiguas.

sábado, 21 de enero de 2012

LAS NINFAS (Francisco Umbral)

     A veces pienso que si los libros de Francisco Umbral pudieran borrar su nombre de la portada y camuflarse como enigmático anónimo o cambiarlo por otro nombre más colorido, almodovariano o glamuroso, podría alcanzar a más público, y una vez despojado de él, de la figura gris, triste, falsodandista, elegante-gruñona... una vez, digo, despojado de todo lo que pudiera relacionarlo con la imagen que se tiene de él (que uno no sabe si es de verdad o es de personaje), admirarlo en su auténtica grandeza, en la única grandeza que debiera admirarse. El libro, lo negro sobre blanco, las palabras que ha ordenado, para después, entonces sí, poder decir ¿quién ha escrito esto? y parar por la calle al hombre elegante, callado, de paso romántico, de estampa becqueriana, pero con el olor a lejía de portal pobre madrileño y decirle:... no, no. Rectifico. No se le dice nada. Dejarle que pase, sin interrumpir su sublimidad. Ni aspaviento, ni exclamación ahogada. Dejar que pase y punto.

     "La casa de Quevedo, de legitimidad tan dudosa, ya que en todo caso fue cárcel y no casa, de historial tan confuso, pues allí florecía el lis rococó de los jesuitas, la heráldica de Churriguera, la piedra clara de Carlos III y la yedra de los románticos, era un pozo literario con secreto y corrientes de sire, con encanto y frío"
     Sólo Andrés Trapiello ha conseguido miniar en tan poco espacio la esencia del Romanticismo. Esto es desperdicio leer como novela; esto se ha de leer como poesía, poniendo en relieve lo que rememora cada frase que nos viaja a otro tiempo que nunca existió, o que quizá sí existió, porque ahora se puede leer esto.

     Se sacan frases de este libro, Las Ninfas, porque sí. No porque sean mejores que el resto, como ocurre con otros autores más monótonos.
     "Toqué el cartoncito del billete ferroviario en el bolsillo, porque, a punto de partir, un billete de tren se toca ya como un talismán".
     El principio de la frase es Baroja, el final es algún poeta francés.

sábado, 14 de enero de 2012

LA HORA DE QUEVEDO (Baltasar Magro)

     Siempre va un paso más allá. Siempre salta la frontera de alambre de espino que no pudo Steve McQueen. Más allá de los demás escritores que quieren escribir historias de otras épocas sin algo que sí tiene o consigue Baltasar Magro.
     Hay muchas novelas históricas, pocas que te lleven a la época que describen.
     Para escribir un libro tan arriesgado como LA HORA DE QUEVEDO hay que conocer muy bien su obra, muy bien su vida, muy bien la Historia que le tocó vivir y tener una sincera voluntad de contar desde él. No sirve con el momento de inspiración ni cosas así. Creo que Magro ha trabajado mucho para encontrarse con un recorrido de inspiración, más que un momento. Es decir, seguro que mucha gente (entre la que me incluyo) al terminar de leer cualquier soneto de Quevedo, ha visto la grandeza de su pluma, se ha visto empequeñecido por un hombre que vivía cada día como si fueran tiros de arcabuz (gracias D. José Ortega por ese prologo a Vida de este capitán). Y tal vez, algunos que han sentido esto, han pensado en escribir un libro sobre Quevedo. Pues bien, sólo sabrá B. Magro lo que cuesta conseguir un poco de verdad en un libro.
     Yo sí he sentido a Quevedo entre las páginas de LA HORA DE QUEVEDO.

martes, 29 de noviembre de 2011

EL CÍRCULO DE JUANELO (Baltasar Magro)

     Después de conocer Toledo, y perderme por sus calles de noche, pero en esa hora temprana, ya oscura donde parece detenerse el tiempo en cada alero y plaza única; después de eso, la novela que más cerca me ha llevado a la esencia del misterio y la atracción de Toledo es esta: El Círculo de Juanelo.
Tal vez haya más libros que describan Toledo, pero que además sobre ese contexto se escriba una sólida historia contemporánea con crimen de por medio, con tanta simbología; de esos, no he encontrado ninguno con la brillantez de este.

     No basta con amar Toledo para escribir un libro así. Hay que amarlo sobre todas las cosas como rezaba el primer precepto de "La Orden de Toledo Antiguo", que fundara Buñuel, con ayuda de sus geniales amigos Alberti, Lorca o Daaalí. Y aparte de eso trabajar mucho para que la novela no sea pesada y parezca que le ha pasado al autor de verdad la historia que cuenta, en la segunda mitad del siglo XX, con una muerte dolorosa que encierra una clave, sobre la cual investiga todo el relato el protagonista (Rod), relacionando cada hecho con aquellos que forjaron de verdad esa ciudad monumento: Turriano, El Greco, Covarrubias...
     Hoy me arrepiento mucho de no haberme acercado aquella tarde a la caseta de la Feria del libro de Madrid donde firmaba libros el autor de esta magnífica novela, y decirle lo mucho que disfrutaría en la sala de libros especiales del Alcázar, con su obra abierta de par en par, empapándome de Toledo y pasión.