En Las Ninfas decía Umbral que es bueno que te guste todo lo que lees, que es correcto no desechar nada, porque el que lee mucho y de todo, y todo lo acepta; después, estará en la posición desde la que sí podrá decir "esto sí, esto no".
Vale... de acuerdo. Pero esto es muy tajante, y puede ser una barrera en tus nuevas lecturas o tus relecturas de viejos conocidos.
Si me gustó mucho un libro con 18 años, y quiero leerlo ahora: ¿me gustará?
Si me ha recomendado un libro mi vecino de un autor que vende millones de libros, pero la imagen que tengo de él no me atrae (sin haber tocado una de sus páginas): ¿lo leo?
Quiero decir, la eterna pregunta para los que leer es un vicio sagrado: ¿QUÉ LEER?
Y otra pregunta que me hago a mí mismo desde fuera como único seguidor de este blog: ¿por qué estas divagaciones en esta entrada concretamente de El Monje, de Lewis?
Precisamente. Porque a nadie había escuchado recomendar esta novela de 1794.
Es oscura, inquietante... divertida. Es como esos cuentos que leímos de pequeños y abrían tu imaginación en el universo de la oscuridad de tu habitación. Son murallas de castillos habitados, fantasmas sobre pasarelas de fosos, romanticismo en la yedra que cubre las almenas de esas fortalezas donde viven aquellos espíritus. Y sobre todo es vivir la Historia desde la leyenda. ¿Verdad o mentira? Me da igual. Nadie podrá quitarme las dos horas de lectura donde sólo pude hacer eso, leer y no poder dejar de leer. La novela es creíble porque los protagonistas tenían fe en algo, y eso es la tensión que desde el papel te pasa a tus dedos y lo demás es literatura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario