"...me hubiera gustado conocer aquellos tiempos (no tan lejanos) en los que salía uno de viaje y cada cincuenta kilómetros cambiaban los vestidos de las gentes, las comidas de las posadas y el color de los ojos".
Uno siente eso muchas veces. De hecho lo busca en cada viaje, siendo difícil hallarlo.
Encontrar un hombre sentado en un banco de piedra, en algún pueblo perdido, donde no existan nuevas tecnologías, y la única vanguardia sea el recuerdo, en su piel y sus ojos, al aguador de Sevilla que pintara Velázquez.
Busca recuerdos. Sí, no ser (o convertirse en) un recuerdo, pero beber del amarillo que hay detrás de las postales antiguas.
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