El romanticismo de la hiedra sobre la piedra oscura de noche, los jardines donde se quedó el tiempo a vivir en forma de dios mediterráneo, el polvo de los libros viejos... eso es Andrés Trapiello y la literatura en las venas, como debería ser todo escritor que se hace llamar como tal.
Es Baroja sin el desgarro pesimista más una visión del mundo parecida a meter todo el universo en un museo romántico y a la vez atemporal, que era como eran todas las cosas antes de la Segunda Guerra Mundial, más o menos.
UN MADRID
Ese es el Madrid que conozco, que me gusta y en el que vivo. Un Madrid que puede recorrerse a pie, de la glorieta de san Bernardo a la Cibeles, de la de Atocha al Viaducto.
Todo lo que no sea andar a pie una ciudad, no sirve para nada. Desde un punto de vista drástico todo lo que un hombre de edad mediana y mediana salud no pueda recorrer en una mañana o una tarde, en un día a lo sumo, sobraría del mapa.
MADRID POR LOS SUELOS
[...] Ese Madrid de Solana, de Ramón, sería pobre y gris, pero tenía carácter. Sigue siendo pobre y gris, pero el carácter ha desaparecido.[...]
En este artículo recogido en el libro, está escrito lo que he sentido yo muchas veces en Madrid. Es muy difícil ver hoy, en el 2011, huellas de aquel Madrid. Pero esto es algo más general, que ya escribió Baroja antes de ayer en La Feria de los Discretos, cuando habla de unos personajes en una taberna y se refiere a ellos como pálidos reflejos de lo que fue una raza o algo así de atávico.
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