jueves, 12 de julio de 2012

TRILOGÍA DE MADRID 01/ Los Tranvías (Francisco Umbral)

          Hay momentos cada día, todos los días, que andando por la calle, subiendo unas escaleras, trabajando o en el coche se le ocurren a uno ideas que le gustaría escribir pero no puede, no lleva papel, ni bolígrafo, va conduciendo, y se fastidia porque esa idea, que para el resto del mundo puede equivaler a un papel sucio y tirado que envolvía una hamburguesa y ahora adorna una cuneta de carretera autovía, para uno, esa idea es parte imprescindible en la literatura universal, de hecho, que no pueda escribirla lo considera una catástrofe, como papiro que se quemara para siempre de la biblioteca de Alejandría, pavesa que ves perderse más allá de la luna del coche y que jamás vuelve en la forma que debería ser escrita, cuando llegas a casa a por papel y bolígrafo las musas se están cepillando a otro. Umbral, Francisco Umbral, tiene la capacidad de poder escribir de corrido y bien engarzadas esas ideas, no produciendo más que literatura. Esa es la parte buena. La parte mala es su juicio y prejuicio, que empezó en nada y poco a poco fue todo, ordinario y muchas veces de órdago sin reyes ni treinta y una, cuando Baroja siempre te gana con tres ases a los pares, porque tú llevas dos reyes y un caballo, y en los pares, te gana. Y a veces con la real, de postre.

          "El creador más radiclamente creador no es sino un intérprete afortunado, un virtuoso del instrumento que le esperaba: paleta, música o idioma. [...] 
          Lo que pulsa Quevedo no son sus temas, sino ese instrumento, ese aristón enorme y delicado que es el castellano."

   

sábado, 7 de julio de 2012

LA LUZ DEL GUERNICA (Baltasar Magro)

          Junio de 2011. Madrid. Parque de El Retiro. Feria del libro. Paseo mirando libros. Hace tiempo que la feria de "libros nuevos o novedades editoriales" no me entusiasma como lo hacía al principio de visitarla hace algunos años, sobre todo después de conocer el libro de viejo, o de lance o antiguo. Voy llegando al final de las casetas por la parte norte y me paro en medio de la calzada de la feria, a punto de irme, cuando me fijo en un hombre con la mirada entre seria y escéptica, tranquila, sin ansiedad, me suena la cara, es el hombre del Informe Semanal, el que luego haría también un programa de entrevistas, y recuerdo especialmente la realizada a José Luis Sampedro (BM preguntaba al sabio: "¿Qué le queda a usted por hacer", a lo que contestaba JLS: "morirme"). Desde que leí La Sonrisa Etrusca admiraba a Sampedro, luego me gustó mucho también el libro de conversaciones entre él y Valentín Fuster La Ciencia y La Vida, sobre la vida y la muerte, la memoria y el futuro, la educación y nuestra sociedad, el corazón físico y el corazón pasional enorme de los dos...
Sin embargo en el junio del año pasado yo no sabía que BM era escritor, y si por una parte había algo que tiraba de mí hacia la caseta donde se encontraba firmando libros, por otra nunca me ha gustado adular a alguien conocido por el mero hecho de serlo, cosa que tampoco era cierta en él ya que su discreta fama se debía a actividades con cimientos intelectuales... pero no era suficiente, no hubiese actuado con honestidad acercándome sin haber leído ninguno de sus libros.

          Pasó el tiempo. Gracias a internet supe de sus libros, de su intervención en cuarto milenio hablando del creador de ingenios y no artificios, y busqué algo que leer de él. Así fueron pasando por mis manos y mi imaginación La hora de Quevedo, El Círculo de Juanelo, En el corazón de la ciudad levítica... Es decir que estuve en La Mancha en los días finales del excesivo y genial poeta, en el Toledo de Covarrubias o Turriano y hasta me hice pasar por Giacomo Casanova cerca de san Juan de los Reyes.

          Entre todo eso me registré en una red social muy conocida un poco a regañadientes, pues me molestaba tener que estar pendiente de algo en lo que no creía. Por contra, gracias a eso me di cuenta de que alguien había colocado en el muro de BM de dicha red social los comentarios de mi blog que hacían referencia a sus libros.

          Y llegó la siguiente feria del libro de Madrid. Junio de 2012. Un Domingo nos llamaron unos familiares que si íbamos a Madrid a ver libros y tal. No teníamos muchas ganas, pero hicimos un esfuerzo y para allá que fuimos. No había visto cuándo firmaban los autores que me interesaban, y por tanto no tenía ni idea de quién firmaba. Cuando entre la multitud, allí estaba: BM firmando su nueva novela de la cual había visto el vídeo de promoción donde el autor habla de la obra y visita el museo Picasso de Barcelona. Y lo compré y hablé con él, y me lo firmó y me puso una dedicatoria que no olvidaré nunca.

          El Guernica es un cuadro sobre el cual siempre había tenido mis reticencias. Por una parte me asombraba el poder de atracción que ejercía sobre mí cuando iba a verlo, pero por otra veía una utilización política del mismo desde que tenía uso de razón. Era como una obra "que había que ver obligatoriamente", y yo las cosas obligatorias las llevo mal, muy mal. Es como la sala del Museo del Prado donde cuelga El Jardín de las delicias. Siempre había una muralla de gentes mirándolo, y un día me fijé un poco a hurtadillas si esas gentes luego se quedaban más de un minuto, en la misma sala, observando El Carro del heno o La Adoración de los Reyes Magos del mismo autor, El triunfo de la muerte de Brueghel el Viejo, o La Laguna Estigia de Patinir... y no, la mayoría ni un minuto ni más segundos de los que se tarda en ir paseando por delante, como cuando en un buffet libre la gente pasa delante de bandejas y no sabe que coger, qué consumir.

          Fiándome de BM, visité dos días el cuadro y todo lo que lo rodea en el Reina Sofía: Vídeos sobre la Guerra Civil de la Filmoteca Nacional, la película documental de Basilio Martín Patino Canciones para después de una guerra, las obras de Picasso de justo antes y justo después de pintar El Guernica... y ya no sé si me dejé arrastrar por el libro de BM o si realmente me empezó a impresonar sinceramente el lienzo, pero no había vuelta atrás, cuando lo miraba fija y obsesivamente, y lo recorría una y otra vez en su propio movimiento o me quedaba pensando en la flor esa que surge de la empuñadura del guerrero y fabulaba yo sobre el significado de todo eso... vi que no, que el paso estaba dado.

          El primer riesgo y también acierto del libro es la inclusión de dos ilustraciones en su interior: El Guernica entre la parte interior de la portada y la guarda; y Los desatres de la guerra de Rubens en el mismo sitio pero al final. Y creo que es un riesgo porque une definitivamente a los dos cuadros, y también un acierto porque para mí ha sido importante esa relación. Dicen que todas las obras, las canciones, los libros,  los cuadros, no deberían tener explicación, que deberían sugerir o decir directamente un mensaje, algo, lo que sea... pero es que en el caso de El Guernica podríamos decir que sí pero no. Sí porque el cuador mismo sin información adicional de ningún tipo es ya "una descarga de blancos, un relámpago, un estrépito" pero también no, porque es un encargo, porque tiene un motivo y porque Picasso tuvo una gran presión durante la gestación y realización del mismo, y él era alguien por lo que se ve en la novela muy libre en su forma de vida y en su forma de crear. Y todo lo que rodeó el proceso de creación influyó de una manera u otra en su composición final. Sólo hay que ver en el libro Guernica de Juan Larrea qué diferente fue el primer amago de composición estructurada y el cuadro que vemos hoy para darse cuenta de la importancia de lo que decimos.

          En el libro La Luz del Guernica BM vuelve a meterse en la piel de alguien del pasado como hizo con Quevedo o con el Caballero de Seingalt, dejándote una sensación de facilidad en el intento, pues el lector mismo se convierte en Picasso allá en el granero de Grands-Augustins, en su incomodidad al agacharse o en su ensimismamiento ante la brújula abierta que un pasajero se dejó en el tren donde también iba Picasso y cuyas vidas se bifurcarían y discurrirían de modo tan distinto.

          "El arte pictórico, en su mayoría encuadrado en un espacio rectangular, condensa un poema expresado con palabras pintadas, como comentó nuestro querido Paul Éluard con gran acierto. Cada persona debe intentar descifrar esas palabras, leer y descubrir lo que transmiten las imágenes con sus propias experiencias, y es aceptable cualquier lectura" dice Picasso en el libro. Parece que nos hace falta leer esto a BM disfrazado de Picasso para dormir tranquilos ante nuestra lectura subjetiva de esto o aquello, de no seguir al rebaño en opiniones ni gustos, o sí pero cuando creamos de verdad hacerlo. Cuando digo disfrazado me refiero al disfraz del teatro, que por eso vamos a verlo. Sabemos que es mentira, pero el arte es cuando te lo crees por obra, gracia y sacrificio del artista.

viernes, 6 de julio de 2012

TRISTANA (Benito Pérez Galdós)

     Empieza cómicamente el libro describiendo al peculiar Don Lope Garrido como si fuera un Don Quijote del XIX, y tal vez por una casualidad o porque ésta rara vez exista, Fernando Rey interpreta al hidalgo manchego junto a Sancho Landa, y también hace de Don Lepe bajo las órdenes de Buñuel.
     Lo único que me ha resultado un poco pesado son las cartas entre el señó Juan (Horacio) y Paquita de Rímini (Tristanita), que es cómo se llamaban cariñosa e idealmente los amantes en las cartas; aunque entiendo que BPG retorciese mucho la cursilería epistolaria para que el abrumador desencanto posterior fuese aplastante para el lector.
     Sólo un director como Buñuel pudo haber dejado una película que guardase para todo el futuro por venir la esencia del libro, como si zarandease la novela boca abajo, cribando lo inservible y fijando de forma tan clara en Fernando Rey a Don Lope y en Catherine Deneuve a Tristana, quizá fría o insulsa la actriz en determinados momentos donde Tristana se enciende, pero que en su conjunto es el personaje femenino creado por BPG.
     Por lo demás es incómodo pensar que el alma del caballero español tenga su modelo en Don Lope Garrido y que, al final del libro se vean virtudes de constancia (en mantener todas las comodidades para su hijita) o valentía (cuando aguanta en la habitación todo el tiempo durante la intervención médica), e incluso Galdós transmitiese más allá de las palabras cómo ha de ser un caballero como Dios manda, aunque parezca un muñeco de cera sacado de un baúl antiguo, lleno de telarañas, armaduras y espadas de la época de la Reconquista (que por cierto es con toda esa parafernalia con la que se disfraza Don Quijote).
     Tal vez y finalmente sintiesen algo parecido a la felicidad Don Lope y Tristana, tal vez BPG destapara los sueños del caballero español, como el que abre un arcón de esos que amueblaban los caserones antiguos castellanos, y de ahí surgieran estas páginas. Tal vez.

FLOR DE MAYO (Vicente Blasco Ibáñez)

     Delante del cuadro  "Aún dicen que el pescado es caro" de Joaquín Sorolla comprendes que más allá del afán dramatizador que empleaba Blasco Ibáñez sobre la baja sociedad como agitador social en sus libros, exixtió esa lucha por el pan, también la resignación que hay ante la dureza de sus vidas en las caras de los dos ancianos del cuadro y la actitud del tío Batiste ante la tormenta en el mar que amargamente relata el libro.
     Por el libro pasan las vendedoras de pescado, los tartaneros, los pescadores, las escenas sorollescas a la orilla del mar mediterráneo y valenciano que endulzan un poco el ambiente cargado que describe VBI, nos pinta en sus páginas escenas que acababa de ver en las madrugadas cuando gustaba pasear por allá y descansar del periódico al que dedicaba casi las veinticuatro horas del día, y en esas breves escapadas para airearse miraba el horizonte azul e infinito y respiraba la libertad que sugiere la inmensidad azul y el horizonte divino que llenó de dioses las cabezas de antiguos marineros griegos, romanos, y todas las gentes que habitaron un mar lleno de tragedias. Tragedias que al apartar la mirada del mar y ponerla sobre las gentes que formaban el friso de personajes con las que poblaba sus novelas, allí las tenía, brutales pescadoras viejas que se las sabían todas, jóvenes pescadoras abocadas a una vida de sacrificios por cuatro reales y con la única esperanza de dar con un hombre que nos las tratara demasiado mal, pillos que aprendían todo, desnudos por los roquedales de la escollera buscando caracolas, los que pintaba tal cual los veía Sorolla, los que describía también directamente VBI.
     Después de leer Flor de Mayo, entras en pleno Mediterráneo en la calle General Martínez Campos, en el centro de Madrid, donde vivió la familia del pintor, y te reencuentras con Tonet y Pascualet de niños, la siñá Tona y su Roseta del carabinero huido, te encuentras con los relatos de aquellos amaneceres que le cogieron sin dormir a VBI en las pinceladas gruesas y cogidas a la brisa del mar de JS.

miércoles, 25 de abril de 2012

LAS NUBES POR DENTRO Salón de pasos perdidos IV (Andrés Trapiello)

          He tardado en hacerme con él, y mientras, he tenido algún escarceo con Tristana (entiéndase por escarceo, escarceo), y con mi lectura discontinua del Quijote (es el único libro en el que siempre tengo marcapáginas desde hace algunos años, y cuando lo acabo vuelvo a empezar. Me gusta imaginar que cuanda dejo El Quijote en mi mesita un mes sin tocar, están Sancho y su amo esperándome donde los haya dejado, algo parecido a una pausa en el rodaje de una película, quejándose Sancho de la larga espera bajo una encina, sin más alimento que un poco de queso y la bota de vino casi vacía, y don Quijote amonestándole su poca paciencia: "Casos peores pasó este o aquel caballero ante el mago..."
He dejado al pobre Sancho sufriendo la estricta dieta de tortura que le corresponde como gobernador, qué mal lo pasa. Lo siento, le diría yo a Sancho. "Para pasarlo bien hay que pasarlo mal" le diría su amo).

          Llevo unas pocas páginas de Las nubes por dentro y me he dado cuenta de que seguir las lecturas de estos libros es como ver pasar un año con cada uno. Es cierto que no descubro nada, en cada uno viene el año al que corresponden los textos, pero me refiero a algo más:
          Recuerdo que en el huerto de mi tío siempre hubo un cerezo. Pues bien, ahora, desde la distancia creo que es lo que más me gustaba de todo lo que allí había. Y fue (y seguirá siendo) una parte del paisaje y de nosotros mismos. Recuerdo en el duro invierno conquense cuando, desde la casa, veíamos agitarse sus ramas ante uno de esos vientos que vienen con furia, para después por la tarde, pasado el temporal, tomar un café delante del cerezo, un poco zarandeado, pero tranquilo como el resto de familiares, mirándolo de vez en cuando como diciéndole: "¿todavía estás ahí? buen chico, has aguantado como un valiente". En primavera las lluvias finas, extrañamente lentas, como si el agua jugara a quedarse un poco suspendida en el aire; después el olor a tierra mojada acompañándonos durante el paseo que solíamos dar por la tarde. Casi se veía sonreír al cerezo y al resto de árboles, en sus hojas el brillo del sol que reflejaban las minúsculas gotas obstinadas en no caer al suelo. Volvíamos casi de noche, en la hora en que se iba oscureciendo el camino. Si era sábado estábamos contentos, sabiendo todos que el domingo estaba ahí, permitiéndonos dormir más o madrugar sin deber. Si era domingo estábamos más mohínos, con la palabra lunes en la frente.

          Recuerdo también, en el principio del verano, o a punto de comenzar, cuando los mayores de la familia decían que ese año iba a ser bueno, y que íbamos a coger muchas cerezas, "daros prisa y no os durmáis en los laureles que luego vienen los pájaros a comérselas", nos advertían con el fatalismo propio de la gente que ha vivido en tiempos duros. Y todos los años era lo mismo, pero distinto.
          Era distinto respecto nosotros mismos, porque la vida de una persona cambia, pero tampoco eran idénticos los años en aquel árbol. Estaba vivo (y lo estará hoy), y algunos años tenía profundas modificaciones en su forma, en su echar frutos, por el clima...  otros sin embargo eran más leves.
Pues así, más o menos, veo yo estos diarios, como aquel árbol que todos los años repetía los ciclos, pero nunca era igual. Algunas ramas siempre echaban fruto, otras nos sorprendían alguna primavera, cargándose de cerezas. Como las páginas de estos libros. Sin ruido, sin aspavientos, pero ahí, aguantando las inclemencias del tiempo.

sábado, 7 de abril de 2012

EL GRAN TORBELLINO DEL MUNDO (Pío Baroja)


          Los libros de Pío Baroja son como las casas antiguas de los pueblos, que algún día tuvieron alguna importancia, y hoy son presas del olvido, la planta enredadera y el blasón mellado. No se lee realmente a Pío Baroja en ediciones "nuevas". Puedes llegar a disfrutar de alguna editorial que todavía no se ha animado a hacer un prólogo que eche para atrás y que cuide algo la edición. Pero si realmente creo haber llegado a leer rotundamente a Baroja, digamos de forma ortodoxa, es comprando el libro en la cuesta Moyano, o en alguna librería antigua, la edición que sea como mucho la Austral del sesenta y pico, y entonces sí.

     Aquellas casas (cada vez quedan menos por el sacrilegio de la restauración a fondo y confortable), viejas, de maderas viejas, de olores estancados de épocas de levita y sombrero diarios, de decadencia perpetua, por fuera no dicen nada al que no ve, ni observa, ni quiere de verdad buscar puertas en el tiempo. Aquel que es el turista de dámelo hecho, es imposible que penetre en el alma de esas estancias, grises, ocres, como las páginas de Baroja y llegue a encontrar algún tesoro, como el que nos regala cuando diserta sobre el origen de la palabra burdel (del francés bord d'eau = al borde del agua) definición de aquel lugar de divertimento en el norte de Europa; y por contra la etimología de la palabra lupanar (del latín lupa = loba) que es como se conocen estos sitios en el sur del Viejo Continente.

     Con esto, añade: "En el burdel se conoce al marino, el opio y la droga de Oriente. En el lupanar hay relaciones con el criminal, con el hombre de presidio".
Baroja siempre nos deja diferenciados dos grupos de personas (básicamente dos, aunque a veces hace ejercicios más complicados. Siempre sinceros e interesantes). Bien sea en un país (como hace en España), o bien en Europa, como en la presente novela, donde un vasco nos cuenta su historia triste y falsamente gris, pues es apasionante el contacto con la cantidad de seres y personajes, reales y extraños a un tiempo, al que nos conduce.
Y nunca nos diferencia a esos grupos de manera simple o fácil. Suele hablarnos desde la experiencia más humana y baja (algo tan a mano como un prostíbulo) pero desde el punto de vista etimológico, (nada tan antropológico, tan propio del humano pero tan desconocido para la mayoría), cercando alguna verdad.

martes, 3 de abril de 2012

EN EL CORAZÓN DE LA CIUDAD LEVÍTICA (Baltasar Magro) 02

     "Recordad a Pico della Mirandola cuando escribió: <<No te he hecho ni celeste, ni terrestre, ni mortal, ni inmortal, a fin de que tú mismo, libremente, a la manera de un buen pintor o de un hábil escultor, remates tu propia obra>>. Cada uno de nosotros debe ser su propio maestro, no lo olvidéis" 
     Con estas palabras el caballero de Seingalt se despedía de su amigo y confidente masónico, Adolfo Mendizábal.
BM nos lleva a Toledo para verlo, caminarlo, intrigarlo, descubrirlo, cortejarlo y sentirlo con los ojos, los pies, la audacia, el galanteo crepuscular y el espíritu de Giacomo Casanova. Haciendo un homenaje a aquellos hombres de estudios, apasionados, que cayeron en el olvido como las cenizas de tantas bibliotecas hechas quemar; tributo especial a la figura de Juanelo Turriano.

     Y ¿por qué indagar sobre este enigmático personaje desde Giacomo Casanova?, yo creo que ha sido una manera magistral de acercarnos al genio cremonés. En el libro El Círculo de Juanelo lo hacía desde nuestra época contemporánea, y ya nos quedó claro que lo que aquel hombre hacía no eran artificios sino ingenios, trabajos que abarcaban ciencia, artesanía, matemáticas, cábala, astronomía, humanismo.
Sin embargo este libro nos pone en un punto intermedio de la Historia. Estamos en la convulsa época europea previa a la Revolución Francesa. Es decir la agitación política, conspiradora, en Europa, está en ebullición, y exponente de estas nuevas ideas es Casanova. Un hombre hoy, del siglo XXI, medianamente instruido, con alguna inquietud, enemigo de la mediocridad, está más cerca de la apertura de mente del aventurero veneciano que de la mayoría de nuestros paisanos en aquella época. Creo que el acierto reside ahí, en que ser G. Casanova por Toledo con su misión, te atrapa desde el principio porque sientes en primera persona el vértigo en el que vivía intensamente GC. Y reside también en perfilar con brillantez a un hasta ahora estereotipado y acartonado arquetipo de galán. Cuidado, no se inventa el personaje. Sigue mostrándonos a alguien con un carisma, arrebatador para las mujeres e inquietante pero atrayente para los hombres,  pese a su edad. Sin embargo vemos más cosas (yo desconocía casi todo de él, salvo lo típico y tópico), como su influencia política, su importancia en las altas esferas, aunque todo se hiciera mediante los Hermanos de las logias, verdaderos peones o incluso alfiles de un tablero de ajedrez sumamente complicado (Qué curioso, el poder religioso siempre se ha relacionado con el alfil en el ajedrez, por su forma de proceder taimada, diagonal e incisiva en ganar poder e influencia. Sin embargo creo que cuando un masón de aquella época actuaba como alfil, la forma de intrigar era muy parecida a la religiosa, aunque el fin fuera casi siempre distinto. Unos era oscurantismo, los otros filantropía).

     Dice GC de J. Turriano en el libro: "Hablaba escasamente y cuando lo hacía expresaba cosas bellísimas, como cuando dijo que los príncipes estaban privados de algo apreciado y amado por cualquier hombre, a saber: de que se les dijera la verdad, de ver la aurora y de sentir alguna vez hambre..." 
Posiblemente sea una de las joyas que forman el tesoro de este libro, estos cuatro renglones, que no serían nada sin el magnífico entramado que ha urdido BM.
Estaba pensando en qué escena (digo bien: escena, es un libro en el que es muy fácil imaginarte cada pasaje como una emocionante película de época), destacar aquí en el blog... es difícil, y podrían ser varias las que rescatar, pero hay una... hay una que me parece de una maestría especial, por cándida, íntima, incluso algo bucólica, pero con una voluntad de seducción absoluta por parte de Giacomo... es en la que él se acerca casualmente a los alrededores del Colegio de las Doncellas Nobles, donde tienen un rato libre estas chicas (me recuerda a cuando ves una excursión de adolescentes por Toledo y tienen ese rato de calma que no hay ningún adolescente tramando nada), y entabla conversación con una de las residentes en el citado Colegio... Hay un clima, una atmósfera, cuando empieza a llover, que es lo que hace que un libro te haga olvidarte de que estás en tu casa sentado en un sillón, y seas tú el que se encuentra allí, en el corazón de la ciudad Levítica.